Segundo viaje. Crónica

No se me ocurre qué contarme. Llevo meses. Y el blogo se deshincha. No remonta. Igual el lastre voy a ser yo. Pues vamos bien. De las alergias, la alergia que se tiene uno a sí mismo es incurable. Podemos mitigar los efectos, pero uno sabe que uno está siempre ahí. Y malo, si no está. Con el lastre, otro tanto. Al palito más corto o al más largo. Pierdes. Te toca tirarte por la borda. Como a veces la Providencia es compasiva, en el problema viene la solución: a ras del suelo, saltas y nada ocurre. Camino junto al blogo, que flota blandamente, sujeto a un cabo de soga, como un perro aerofágico, con los ojos comidos por el párpado, que el viento mece al extremo de su correa. “¡Toma, Fido!” Y Fido mueve las patitas, descontento, que volar no ha sido su ilusión, al contrario de lo que les sucede a los gatos, cazadores de pájaros que se tiran desde un séptimo piso para atrapar a uno que pasaba. Contra el adoquinado. Fido, no. Fido se mantiene en el aire y ladra, por mucho que el ladrido suene a hipo. ¡Pobre Fido! Así, yo. Así, mi blogo. 

Miro en torno. ¡Caramba!: ¡este sitio me suena! Este sitio lo he leído. Seguro. Recuerdo, en los últimos sesenta (yo ya había nacido en los años sesenta: tiene su parte buena), una novela de cuando desertaban los soldados de reemplazo norteamericanos para no ir a Vietnam. Unos se refugiaban en Suecia. Y otros no. Por el frío. Otros venían a Torremolinos. Se hacían una fotografía travestidos o besándose con algún mocetón y la enviaban a la oficina de reclutamiento, para que viera el ejército que no les convenía esa persona. A veces funcionaba. 'Hijos de Torremolinos'. James Michener. Hay más. ‘Torremolinos Gran Hotel’, de Ángel Palomino. Leer a Ángel Palomino en los primeros setenta, para un adolescente concienciado, era anatema. Yo lo leí. Y leí ‘Zamora y Gomorra’. Y Madrid Costa Fleming’. Es el ansia de viaje, que llevaba a Palomino por España. Creo recordar que me pareció, como esperaba, un señor de derechas y perfil chusco. Nada como prever lo que uno va a encontrarse para darte con ello. Ángel Palomino, sin embargo, fue autor de ‘Memorias de un intelectual antifranquista’. Ésa no la he leído. Ni, de Torremolinos, ‘Eldorado’, de Sánchez Dragó (por lo que sé, amor y antifranquismo: todo fluye, pero igual todo vuelve a lo mismo), o ‘La isla’, de Juan Goytisolo: cuando Brigitte Bardot, Viertel, Vadim. Si encuentro ‘Torremolinos Gran Hotel’ me la leo otra vez. Aprovecho, además, que estoy en el lugar de la acción. Aunque lejos de los conflictos del mundo, hasta que se arme. Va camino. Mientras, otro libro de hotel y de Torremolinos: ‘Pez Espada’, de Alfredo Taján, publicado hace nada. ¿No era el Pez Espada también el Gran Hotel de Palomino? Necesito ese libro. Y el de Michener. Y Dragó (aquel Dragó). Y Goytisolo (aquel Goytisolo). Y leerme los cinco de una sentada. Aquí. Con el blogo cautivo, en calma chicha. Y Fido, su satélite. Náufrago soy. Pero en Torremolinos.

FOTOGRAFÍAS (tres de Torremolinos, tres de Benalmádena):

‘La sirena (varada) del Mississippi’

Encontrar amarrado al muelle en Benalmádena, junto a Torremolinos, un vapor de ruedas (el ‘Willow’) no debería sorprender. Lo triste es que haya sido abandonado y ya no tenga uso, ni de barco ni de garito: los tahúres. ‘Tirad sobre el pianista’ (siempre hay un pianista en un garito) y, de Truffaut también, ‘La sirena del Mississippí’. Del río, del río de verdad, son ‘Horizontes lejanos’ (‘Bend of the River’), de Antony Mann: “¡Nunca debí abandonar el Mississippi!”. ‘Magnolia’ (‘Show Boat’), la de 1951, de George Sidney: la música en la piel –¿qué tal esta versión de Jeff Beck, con Rod Stewart?-. ‘El caballero del Mississippí’, de Rudolph Maté. O el vapor de ‘Los comancheros’, donde Paul Regret y el capitán Cooper inician una hermosa amistad. Otra vez Michael Curtiz, ayudado en la dirección por el propio John Wayne.

‘Un vapor en la calle’

Edificio construido en forma de barco. Buque-escuela, de siempre y para siempre en dique seco.

‘Es el mar, que viene a visitarte’

El mar nunca te encuentra en casa. O eso esperas.

‘El destino de la mujer pirata’

Abordaje constante. Claro que, y de ahí las mujeres pirata, siempre es mejor abordar que ser abordada.

Con Mary Reade, de vuelta a Benalmádena.

‘El refugio de Gentleman Brown´

Si el inquietante pirata de ‘Lord Jim’ (dirigida por Richard Brooks, tras las huellas de Conrad), hubiese soñado con la jubilación, seguramente hubiera sido aquí. Le iba a su aspecto. Puerto Marina, en Benalmádena.

También, tal vez, aunque plebeyo y a nivel del mar, un lugar aceptable en el que retirarse para Diello: ‘Operación Cicerón’ (‘Five Fingers’), de Mankiewicz.

Las dos, ¡qué espléndidas interpretaciones de James Mason!

‘Taller de tapas’

En el ‘Pueblo Blanco’, Callejón Seguidillas, entrada por la calle Casablanca o por la calle Skal: el ‘Taller de tapas’.

Ahora es el momento.