catalibros

Muestras sobre perforación en el terreno.

La cata es indiscriminada sólo en parte: cuando el taladro vuelve a la superficie arrastra aquello que se ha adherido a él. Otra cala y muchas de éstas -pero seguramente otras también- serán las muestras

 

"Los magníficos perdedores", de Leonard Cohen

Primera cala.

‘Los magníficos perdedores’ (o ‘Hermosos perdedores’), de Leonard Cohen.

De la edición en francés, por dos razones: porque esa edición es la que tengo y porque el que esté en francés permite hacer mi propia traducción. Sin permiso de nadie.

Dos enlaces, a los programas que, con estos mismos textos, hizo, en Radio 3, ‘TRES EN LA CARRETERA’: 'Leonard Cohen 1', 'Leonard Cohen 2'.

‘Beatiful Losers’ (‘Les perdants magnifiques’, ‘Hermosos perdedores’) se escribió en inglés. La versión francesa es excelente.

La novela está editada en España por Edhasa, con traducción de Laura Wittner.

Creo recordar alguna edición española o hispanoamericana anterior, pero cuando flaquea la memoria lo mejor es no engordarla artificialmente.

Después de leer el libro, o mientras tanto, 'Famous Blue Raincoat'.

Sexo, amistad, dolor, ausencia…

Y la persecución a través de las páginas de la Santa Catherine Tekakwitha, princesa de la tribu de los A…, en la que el perseguidor pretende quizás, sin esperanza, redimirse.

 

BEAUTIFUL LOSERS

-página 13

Soy un conocido especialista del folklore canadiense, muy documentado sobre los A…, tribu que no tengo la intención de deshonrar interesándome por ella. No quedan probablemente más de diez A…, de los que cuatro son muchachas. La aparición de los A… parece remontarse al siglo XVI, a menos que sólo se trate de la emigración de un resto importante de la tribu. Su breve historia está marcada por las derrotas. El mismo nombre de A… quiere decir cadáver, en el leguaje de todas las tribus vecinas.

El interés que me inspira esa banda de fracasados traiciona mi naturaleza.

-página 17

Los A… (…) terminaban todas su frases por ‘hiro’, que significa “como acabo de decir”. De ese modo, cada uno asumía su responsabilidad por la intrusión en el murmullo inarticulado de las esferas.

A este ‘hiro’ añadían un ‘koué’, palabra de pena o alegría, según la manera en que era cantada, o gritada. Intentaban así atravesar el velo misterioso que separa a los interlocutores: al final de cada frase, de algún modo, trataban de traducir sus palabras al que oía, esforzándose por seducir su espíritu a través del sonido de una verdadera emoción.

Catherine Tekakwitha, ¡háblame en ‘hiro-koué’!

Parece obvio, aunque no lo pensé entonces, que el ‘hiro-koué’ es el iroqués. Si, como cuenta Cohen, terminan cada frase con un ‘hiro’ y la matizan (o le insuflan su espíritu) con un ‘koué’, lo ignoro por completo.

 

-páginas 53 y 54.

Estábamos tomando el sol en la playa cuando un desconocido, en bañador azul, se derrumbó llorando sobre el estómago de Edith. Lo agarré de los cabellos. Ella me golpeó la mano secamente. Miré a mi alrededor: nadie se había dado cuenta y me sentí mejor.

Lloró durante cinco minutos. De repente se puso en pie con cierta dificultad y se alejó corriendo.

Edith lo miró un momento y, luego, se volvió hacia mí.

“Era un A…”, dijo.

 

-página 57

No me gustan las puestas de sol, entonces, ¿para quién arden? Mi parte de trabajo en el mundo no se llevará a cabo, os lo advierto.

¡Oh!, ¡cómo me gustaría sentirme fascinado por las cosas!

 

-página 58

¿Cómo probar que el cuerpo está de mi lado? ¿Es mi estómago un enemigo? ¿Será, quizá, que la carne me castiga?

¡Cuidamos criaturas para devorarlas! ¡Qué manera monstruosa de alimentarse!

¡No es pollo, sino un pollo!

 

-página 68

La gente estornuda, F.; eso es todo. No es necesario que veas un milagro en ello y, además, esas cosas me deprimen: es una costumbre deprimente esa que tienes de encontrar placer en el estornudo y la de comer manzanas como si fuesen las más jugosas, como si fueras el primer en darte cuenta de que la película es excelente. Deprimes a la gente. A nosotros también nos gustan las manzanas.

 

-página 79

A menudo lo que un hombre tiene de más original es lo que tiene de más desesperado. De ese modo, los nuevos sistemas se imponen al mundo por hombres que simplemente no soportan vivir en los que existen.

 

-página 107

El rey de Francia era un hombre. Yo era un hombre. Consecuentemente, yo era el rey de Francia.

¡F., me está pasando otra vez!: me hundo.

 

-página 122

Kuloskap había abandonado el mundo a causa del mal que reinaba en él. Organizó una gran fiesta de despedida y se alejó, a fuerza de remo, en su piragua.

Ahora vive en una casa larga y magnífica y fabrica flechas. Cuando haya llenado de ellas la cabaña, declarará la guerra a toda la humanidad.

 

-páginas 132 y 133

La larga mesa brillaba bajo la plata, la cristalería y las primeras flores de la primavera. (…) Elegantes servidores vertían los vinos en copas que semejaban rosas de finos tallos. Las llamas de cien velas se reflejaban hasta el infinito en cien piezas de plata. (…) Con un movimiento seco, involuntario, ella derramó su copa. Se quedó  mirando, helada de vergüenza, la mancha en forma de ballena.

-No es nada- dijo el marqués –No es nada, mi niña.

Catherine Tekakwitha siguió quieta. El marqués reanudó su conversación. (…) La mancha se extendía rápidamente.

-Hasta el mantel tiene sed de este excelente vino- dijo el marqués, bromeando- No temas nada, niña. No se castiga a quien derrama un vino bueno.

Pese a la discreta actividad de un nutrido grupo de domésticos, la mancha seguía extendiéndose sobre el mantel. La conversación empezaba a languidecer a medida que los invitados contemplaban esa asombrosa mancha, que pronto cubrió toda la mesa. (…) Una dama lanzó un grito de dolor cuando su bella mano se tornó también púrpura. (…) Gemidos, imprecaciones, resonaron en la sala. (…) (En el exterior, bajo los ojos de) amos y servidores, las extensiones nevadas se tiñeron de ese mismo color imperial. Catherine se levantó despacio.

-Creo que debería pedirles perdón.

Este fragmento inspiró una de las escenas que más aprecio en mi novela “La noche de los lobos”. No, no ‘lo inspiró’: me lo quedé. El original es, como suele suceder, muy superior.

 

-página 135

Cojear no es más que uno de los aspectos de la perfección. Del mismo modo que las flores silvestres son, solamente, flores que nadie recoge.

 

-página 151

-¿Se caza en el Paraíso?

-¡Oh, no!

-Pues bien, no iré. La pereza no me dice nada.

-¡El fuego del infierno y los demonios te esperan para torturarte!

 

-página 151

-¿Por qué has bautizado a nuestro enemigo, el Hurón? Llegará al Paraíso antes que nosotros y nos echará, cuando lleguemos.

-En el Paraíso hay sitio para todos.

-Si hay tanto sitio, Manto Negro, ¿por qué guardas tan celosamente la entrada?

Es, tal vez, el momento de darse una vuelta por el territorio indio del Canadá y el norte de los Estados Unidos. Un disco: ‘Trappeur courtois’. En ese disco, una canción: ‘Aux Illinois’. Escuchemos el coro y disfrutemos luego del disco completo. Del autor e intérprete de ‘Aux Illinois’ (no he encontrado la canción): Robert Amyot, un registro hasta cierto punto diferente.

 

-página 158

En la esquina de Lafontaine Park oímos una manifestación, acercándose.

-¡Es una muchedumbre espléndida!

-¿Por qué, F.?

-Porque se toman a sí mismos por negros y eso es lo mejor que le puede pasar a un hombre de nuestro tiempo.

Era éste, entonces, un sentimiento generalizado entre los jóvenes blancos norteamericanos inquietos. Sentían esa nostalgia, esa envidia, esa vergüenza: la de no formar parte de los oprimidos (a los que, además, reputaban más dignos, más vivos, más reales: aún no corrompidos o ablandados por la sociedad).

Jerry Rubin, líder de los ‘yippies’, los ‘hippies’ violentos, apunta en su manual de guerrilla urbana ‘Do It’: “En América, los negros, las mujeres y los indios son ciudadanos de segunda. Dejándonos el pelo largo, nosotros nos convertimos en negros, en mujeres y en indios”.

(Curiosamente,  esto funciona. Cuando menos, ahorra explicaciones).

Muchos años antes, en otro contexto, tras mostrar Marlow, ‘El corazón de las tinieblas’, su horror ante el hecho de que un salvaje y él pertenezcan a la misma especie, Joseph Conrad, sin embargo, escribía: “Hay que ser por lo menos tan hombre como ésos que están ahí, en la orilla, para enfrentarse a su verdad sin ayuda de la civilización, de las ropas, las leyes”. Seguramente aquí no hay envidia, nostalgia, sino el honesto reconocimiento de unos hechos.

 

-página 167

-¿Qué querías decir cuando, sangrando entre mis brazos, me decías: “Todo depende de ti ahora”.

Los que dicen eso piensan generalmente que son ellos los que han soportado lo más duro. ¿Quién tiene ganas de poner todo en orden? ¿A quién le apetece deslizarse en el asiento, todavía caliente, del conductor?

 

Canadá.

Un punto de inquietante. Hasta morboso (hay quien lo llamaría pervertido).  Hermosos perdedores/ganadores.

Cronenberg, Natali, Jean-Claude Lauzon, Haggis (‘Crash’), el Jean-Marc Vallée de ´C.R.A.Z.Y.' (en ésta, morbo, poco; tiene que ver, angustia, redención, de otra manera), el 'Exotica´ de Atom Egoyan… ¡Anda!: ¿a quién tenemos aquí? A Leonard Cohen.

Remontemos la cala.

 

-página 176

(…) como el turno de noche en una fábrica de amantes.

 

-página 175

Cambio.

Soy el mismo.

Cambio.

Soy el mismo.

Cambio.

Soy el mismo.

Cambio.

Soy el mismo.

Cambio.

Soy el mismo.

Cambio.

Soy el mismo.

 

-página 169

Todo lo que existe, existe para implorar piedad.

 

-página 162:

seis años antes que Coppola, una manifestación callejera y un escarceo sexual, en montaje paralelo.

 

-página 153

Mi hermoso cuerpo espiritual emprenderá un viaje duro y peligroso. Muchos no llegan al final, yo llegaré. Atravesaré en una balsa un río peligroso. (…) Un perro enorme me morderá los talones. A continuación me internaré en un sendero estrecho entre rocas que ruedan unas sobre otras y muchos viajeros serán aplastados, pero yo bailaré con las rocas. Contempla este viejo cuerpo Mohawk mientras te hablo, Catherine. Cerca del camino hay una cabaña hecha de cortezas. Ahí vive Oscotarach, el Perforador de Cabezas. Me pondré bajo él y él extraerá el cerebro de mi cráneo. (…) Es la preparación necesaria para la caza eterna. Contempla mi cuerpo y escucha.

Los ‘A’, en el camino de la muerte.

 

-página 149

(…) la boca desdentada del tiempo.

 

-página 148

Llevo tres meses sin radio, reducido a tararear los diez primeros discos de una lista de éxitos que ha perdido su actualidad; esos diez primeros discos arrancados bruscamente a la historia, desconectados del movimiento dinámico del mercado, pobres discos miserables a los que los chavales de trece años no comunican ya su energía, agitándose en la alfombra junto a la cadena estereofónica, y cuyo único deseo es que se los olvide, como globos o cometas arrastrados por el viento, como bolígrafos secos, como pilas gastadas, como latas de sardinas vacías…

 

-páginas 147 y 148

Creía que el canto de los pájaros sería más dulce que el ruido del ascensor. Los especialistas dicen que lo que oímos como un sonido único está, realmente, compuesto de una docena de sonidos diferentes que el pájaro reúne para crear numerosas y admirables armonías líquidas. Se ha hecho la prueba pasando una grabación a menos velocidad. ¡Exijo la ayuda de la Seguridad Social! ¡Exijo que se me opere! Quiero que me conecten un transmisor de baja velocidad en la cabeza. Si no, que la Ciencia deje de invadir los periódicos con sus revelaciones.

 

-página 139

Hay quien afirma que una verruga es bella y atractiva y las cultivan allí donde se producen. Pretenden que son útiles, susceptibles de ser educadas, y que se les puede, incluso, enseñar a hablar. Se han puesto en pie toda clase de teorías acerca de la técnica. En un principio los métodos fueron primitivos. Se formó una escuela que sostenía que había que enseñarles por la fuerza. La rama radical sostiene que las verrugas sólo son capaces de aprender lenguas del grupo sinótico. Una facción particularmente enloquecida afirma que es del todo punto inútil enseñar a hablar a las verrugas, puesto que las mismas verrugas tiene ya un idioma, que sus técnicos se esfuerzan por descifrar.

Un pequeño número afirma, pues, que las verrugas hablan ya, que siempre lo han he han hecho y que basta con aprender a oírlas.

 

-página 135

(…) la Tierra no es más que una provincia de la Eternidad.

 

-páginas 120 y 121

Buscó un pequeño lobo que había esculpido en madera. El otoño anterior había acercado a los suyos los estrechos orificios nasales del animal para inhalar su valor. Después había exhalado profundamente, para extender el aliento del animal por todo el bosque y paralizar a toda la caza que anduviese cerca. Cuando mató a su alce ese día, le arrancó el hígado y embadurnó con sangre el lobo de madera.

 

-página 120

El inmenso combate entre Ioskeha, el Blanco, y Tawiscara, el Negro, ese combate eterno iba a apagarse, como se quedan dormidos dos amantes (…) en un postrer abrazo.

 

-página 117

La sombra liberada por Catherine Tekakwitha para recibir al padre Jacques de Lamberville, quien luchará luego con ella.

 

-página 116

¡Oh, Muerte! Somos los ángeles de tu Corte. Los Hospitales son tus Iglesias.

 

-página 110

Protegedme, medallas santas de todas las clases, colgadas de cadenas de plata, sujetas a la ropa interior con imperdibles, enterradas en pechos peludos, resbalando como tranvías por arrugas profundas entre los senos de ancianas felices (…)

 

-páginas 59 y 60

La ciencia es, ante todo, nombrar las cosas, esa voluntad de no detenerse en la forma o en el destino individual de esa vida-rosa, para a todas llamarlas Rosa.

 

-página 53

Si la brisa necesaria para despeinar una rosa de té se transformase en carne, eso sería su ombligo.

 

En otro punto:

No me daba cuenta de la mediocridad de mi sueño. Creía haber concebido el sueño más grandioso de mi generación. Quería ser un mago y ésa era mi idea de la gloria.

Ahora sé que no hay que ser Mago, sino Mágico.

Está en el libro.

 

‘FAMOUS BLUE RAINCOAT’

Son las cuatro de la madrugada.

Finales de diciembre.

Te escribo esta carta para ver si estás mejor.

Nueva York es frío, pero me gusta dónde vivo.

En la calle Clinton hay música durante toda la noche.

He oído que estás construyendo tu casa en mitad del desierto. Que ya no te dedicas a nada.

Espero que al menos estés llevando algún tipo de Diario.

Jane está otra vez en casa.

Traía un mechón de tu pelo.

Dice que se lo diste aquella noche en que te sentaste a aclararte contigo mismo.

¿Llegaste por fin a alguna parte?

La última vez que nos vimos parecías más viejo.

Tu famosa gabardina azul colgaba de tu hombro.

Estuviste en la estación, a por todos los trenes, pero nunca llegó tu Lilí Marlene.

De mi esposa hiciste un jirón de tu vida

Así que cuando volvió ya no era la mujer de nadie.

Yo todavía puedo verte, uno de esos gitanos amigos de lo ajeno, delgado como un junco, con una rosa entre los dientes.

Espera: creo que Jane se ha despertado…

Te envía saludos.

¿Y qué más puedo contarte, mi hermano, mi asesino, qué te podría decir?

Supongo que te echo de menos. Supongo que te he perdonado. Me alegro de que te cruzaras en mi vida.

Si alguna vez regresas, o por Jane, o por mí, puedes estar seguro de que tu enemigo duerme y de que su mujer es libre de hacer lo que quiera.

En cualquier caso, gracias por la pena que le quitaste de los ojos. Yo creí que iba a estar en ellos para siempre, así que ni siquiera lo intenté.

Jane está otra vez en casa.

Ha traído un mechón de tu pelo.

Dice que se lo diste aquella noche en que te sentaste a aclararte contigo mismo.

Cuéntame si llegaste por fin a alguna parte.

Sinceramente, L. Cohen.

 

TRES APUNTES, de mi cuaderno personal

-Sobre ‘C.R.A.Z.Y.’, una de mis cinesporas, con la voz del director.

-Sobre Jerry Rubin (más rebeldes) y los Rolling Stones, un reportaje en 'La Mandrágora' de TVE.

-Sobre ‘El corazón de las tinieblas’ hay una adaptación radiofónica por capítulos (castellano y catalán), que emitió en su día Radio Nacional de España, a través de Radio 3 y Radio 4. Inencontrable. Colgaremos en la página el texto.

 

LISTA DE BODAS (por favor, añada su regalo)

-‘Familia sin nombre’. Jules Verne (ya: el niño que fuimos…). Entre indios y sin salir del Canadá, nos devuelve al territorio de la infancia y a la lucha de la comunidad francófona, de la que Cohen, anglófono, se hace extrañamente garante.

-‘On the Road’. Jack Kerouac.

-‘Howl’. Allen Ginsberg.

-‘Retrato del artista en 1956’. Jaime Gil de Biedma.

-‘Mishima o la visión del vacío’. Marguerite Yourcenar.

-‘El viaje de los muertos’. François Augiéras.

-‘El cosmos, el caos y el mundo venidero’. Norman Cohn.

-Y, claro: Borges. Todo.