catalibros

Muestras sobre perforación en el terreno.

La cata es indiscriminada sólo en parte: cuando el taladro vuelve a la superficie arrastra aquello que se ha adherido a él. Otra cala y muchas de éstas -pero seguramente otras también- serán las muestras

 

"Cualquier hierro viejo", de Anthony Burgess

Segunda cala.

‘Cualquier hierro viejo’. De Anthony Burgess. Mondadori 1993.

Traducción de Gracia Rodríguez.

País de Gales. Llega allí la noticia de que una espada, que pudiera ser Excalibur, se halla en Rusia, en el Ermitage de San Petersburgo, entonces Leningrado.

Un héroe, un nuevo Cuchulainn, de padre galés, madre rusa y casado con una mujer judía, se encargará de la misión de rescatar el hierro insigne.

Celtas. Judíos. Rusos. Y un viaje por España. El tiempo, circular, vuelve sobre sí mismo.

Claro que la espada -se identifica por la ‘A’ que adorna el filo-  podría ser la espada de Atila y no la espada de Arturo. Pero, seamos serios: eso ¿a quién le incomoda? Lo que cuenta es el símbolo.

Hay otros.

El Titanic, el Estado de Israel, la Guerra Civil española, la Revolución que llevaría a un Estado soviético, la Segunda Guerra Mundial -la rebelión de los sentidos, el aliento de Dios...-

 Y un invitado que aparece donde nadie esperaba encontrarlo.

 

CUALQUIER HIERRO VIEJO

p.43

Había aquel pobre pinche chino en ‘El Campánula’ que acostumbraba a fumarse tres pipas cuando no estaba de guardia, dormía como un recién nacido a veces, a veces se quejaba, a veces gritaba que el primer piloto polaco se estaba convirtiendo en un dragón para comérselo vivo.

-antes, p.15

(…) juraba que había servido de cocinero en un buque de carga llamado ‘El Campánula’, cuyo primer oficial era un polaco de cerrado acento que respondía al nombre de Korzeniowski.

En el Campánula que es, también, el Titanic.

p.43

…Alguien había tocado eso en la concertina para que lo cantaran todos juntos en tercera. La concertina no se hundió de golpe: las olas la presionaron suavemente y exhaló un quejido a modo de lacónico canto fúnebre en su propio honor antes de irse al fondo.

Escribió, Conrad, sobre el Titanic.

No en el Titanic (igual lo hubiesen preferido, pero, primero, no se elige; y, después, lo que eliges se parece bien poco a lo que has elegido), otros que Conrad frecuentaba sufrieron un destino seguramente injusto.

Volvemos a los celtas, que tienen poca suerte.

p.46

Pero los del ‘Sin Feinn’ no llegaron a la cita con el submarino alemán de sir Roger Casement.

El frustrado libertador, que no tiene, como tiene Bolívar, un García Márquez que le escriba (ni un Conrad, pese a ‘El corazón de las tinieblas’). Por una vez, sorteo a uno de mis autores favoritos y busco a Casement no en ‘El sueño del celta’, de Vargas Llosa, sino allí donde Vargas Llosa lo encontró: en la espléndida biografía ‘Las vidas de Joseph Conrad’, de J.H. Stape.

Y es la guerra. Los celtas vamos siempre al desastre.

p.47

(…) fue despachado una vez más  con un casco y un rifle pero, poseyendo los irlandeses un talento para la química poco conocido, sin máscara de gas.

Con el genio irlandés, nos encontramos de repente en ‘Los papeles del club Pickwick’.

p.58

Un tramoyista.

(…) Problemas en esa dirección, señoras, no me cabe duda, como dijo el zorro cuando olió los perros.

p.58

Un cosaco.

(…) Estamos juntos en esto, como decían los huevos en el cesto.

Los cocheros en todas partes se parecen…

…piensan igual…

p.60

Se habló mucho de un día de  huelga, lo que significaba reponerse de la intemperancia del fin de semana durante todo el lunes.

p.21

…y comen parecido.

(…) su principal sustento lo constituía una única olla de caldo de cordero que, con adiciones esporádicas y un constante rebullir, le había alimentado, sostenía él, durante los casi treinta años de su expatriación.

p.26

Un lenguaje universal.

David Jones intervino, introduciendo el esperanto de una marmita de hierro, al crujir contra el hueso (…)

La madre Rusia.

p.41

(…) rezaba al Dios de los rusos por el fin de la guerra y el retorno de su marido, sano y listo para la cama.

Israel.

p.74

Recuerdo el estallido de los disturbios por el Muro de las Lamentaciones en 1929, y darme cuenta, joven como era, de que el futuro estaba en el terrorismo.

El estudio, en la reflexión de un sefardí.

p.91

Tenía que hacer un trabajo sobre Spinoza: “El bien y el mal son relativos a intereses finitos y particulares, pero en el absoluto se trasciende la distinción”.

… y el estudio del cuerpo, en los cuerpos de élite judíos.

p.116

Conocían los puntos de presión del cuerpo, el lugar preciso del cráneo que, caso de ser apretado, podía hacer que toda la tapa de los sesos se hiciera añicos como un jarrón al caerse, la relación entre el número de dientes o uñas arrancadas y la información que rechinaría la víctima antes de desmayarse.

 Incidente en La Línea.

p.140

–¿Me está usted diciendo (…) que mató a un alemán? ¿Un civil alemán? ¿En La Línea?

(…)

–Lo dejé seco con un cuchillo de comando detrás de un bar llamado ‘La Baraja’ (…) Conocí al alemán en el bar. Admitió que era alemán. (…) Cuando se lo pregunté dijo que sí y que los dos estábamos en territorio neutral, ambos hartos de la maldita guerra y echamos un trago juntos.

–¿De modo que bebió con el enemigo?

¿Cómo lo ha adivinado, señor?

España.

p.141

No, señor. La Guardia Civil no estaba por allí. Creo que estaban persiguiendo niños (…) Niños que van por ahí berreando para que les des unos peniques. De alguna forma desmerecen. Usted me entiende, es como anunciar la pobreza española.

Cortesía.

p.141

Como ustedes saben, abrigamos la ficción de que el gobernador de Algeciras es en realidad el gobernador de Gibraltar.

¡A ver por quién me toma!

p.147

Había escrito una improbable novela sobre un hombre acusado de asesinato en Detroit cuya coartada era que estaba cometiendo un asesinato en Chicago en ese mismo momento.

p.151

La historia de la guerra, como la de la propia civilización (…) era la historia de un anonimato progresivamente distanciador y más completo.

(De alguna forma, aquí, regresamos a Conrad)

p.153

Había una vez una película, una de las primeras habladas, llamada ‘Remordimiento’, en la cual un francés que le había cortado el cuello a un alemán en aquella otra guerra iba (…) a confesar su pecado ante la desconsolada familia (…) Entonces cayó en la cuenta de que, aunque tardíamente, había realizado lo que se había propuesto hacer al unirse a las Brigadas Internacionales, a saber, matar en suelo español.

(La traductora de la novela, Gracia Rodríguez, agradece a Román Gubern haberle facilitado el que fue título definitivo para  la película de Lubitsch: ‘Canción de cuna interrumpida’ o 'Broken Lullaby')

p.157/158

(…) todo ha terminado para Inglaterra, sabes. Esta guerra ha acabado con Inglaterra.

O es universal, o no será…

p.183

Pero acepto el principio de lo ‘duoverso’. Me refiero a la imposibilidad del sueño trostkista del socialismo mundial, la necesidad del sistema soviético de definirse positivamente, pero también en términos de lo que no es.

p.198

A ninguno se le había enseñado a mirar un mapa como representación del dolor humano.

El mundo clásico.

p.225

Éstas, camarada comandante, son las islas de Grecia (…) Todo lo que tú tienes de Grecia es un alfabeto deformado y una dialéctica socrática pervertida y una lógica al servicio de la proliferación de monstruos.

La gente bienpensante que los padres, por serlo, ocultan a los niños.

p.228

Antes de adormilarse al resplandor de las pungentes ascuas de madera, el soldado Shawcross intentó contarles cuentos de los hermanos Grimm, pero se quedaron sorprendidos por el poco waltdisneyco final del cuento de Blanca Nieves, con la malvada reina obligada a bailar con botas de hierro al rojo vivo hasta caer muerta entre el aplauso de los invitados a la boda.

El oficio de dios.

p.229

Pero no había Dios en el cielo de metal. Se había escondido en aquel caballo congelado y, durante la larga noche, retorció, apuñaló y escurrió sus torturadas entrañas.

Una curiosidad.

p.231

(…) donde pronto le llevarían lo que llamaban la merienda cena: té y ‘tabnab´ 

Apunta la traductora:

(‘tabnab’) En el argot marinero, bollo o pastelillo dulce o salado. Es una palabra tan sumamente desusada que las fuentes consultadas mencionan también como excepcional su aparición en ‘Bajo el volcán’, de Malcolm Lowry.

p.237

(…) la vegetación ceceaba movida por el húmedo viento.

Darwin.

p.266

Lo que yo sugería en mis casi cien páginas era que la santidad de la vida humana, en oposición a la vida en general, se derivaba de la reducción del idealismo al solipsismo.

p.282

En el frío amanecer, con el día frotándose ya las manos ante la perspectiva de generar un calor aterrador (…)

Darwin viene a la Tierra Prometida.

p.289

Pequeños agricultores y sus familias son el enemigo. Un niño árabe dando volteretas en el polvo de Israel es el enemigo. Supongo que todavía es un poco pronto para esperar la instalación de campos de exterminio.

pp.289/290

El matar a un niño que juega en el polvo es un fenómeno cualitativamente diferente de la preservación del Estado, pero la preservación del Estado incluye tales fenómenos.

Tocar de oído.

p.294

Donde se dice que no poder oler es como leer ruso en una traducción.

pp.304/305

No se nos puede culpar por soñar lo que soñamos. Es otro yo el que sueña. Tenemos muchos yo. No me extraña que a veces nos dé miedo dormir. Otro yo que toma el mando.

El oro.

p.366

Si eso es dinero no lo quiero. Como dinero no es de ninguna de las maneras, siempre es va a ser dinero pero todavía no.

p.367

La ley no sirve. La justicia no sirve. El castigo siempre es cualitativamente diferente del crimen. Es más, el crimen pertenece al pasado y el castigo al presente.

Y, justo antes:

No se puede uno vengar del pasado.

 

Un alto en la perforación. Escuchar a los celtas. En Irlanda. En el País de Gales. En Escocia. En Bretaña. En España. En Italia. Los celtas de Milán, la Galia Cisalpina, de donde procede mi familia (esto ¿a quién le interesa?; bueno: a me hace gracia).

Reivindicar lo celta.

Alan Stivell. De siempre: 'Brian Bórú' y de antesdeayer mismo: 'Naw' breton' y 'Plinn Slogan', más de Gales que nunca

 

Brian Bórú

(Traducción libre sobre la versión inglesa de Baxter Labatos)

Morirá Brian Bórú por la vida de Irlanda

Por la paz en el Ulster. Por la paz en Dublín

Por la familia unida y la unión de las tribus

Por la unidad del mundo, del mundo con los celtas

De la guerra constante a la paz sin conflictos

El amor desde un mundo inmerso en bendiciones

Dicen que en procesión se reunieron los hombres

Que eran hombres solemnes, ¿no estamos todos tristes?

¿Acaso no hay sentido para los irlandeses?

Somos igual que el clima, el sol especialmente

Junto al río escogemos un lugar agradable

 

Naw Breton ‘ba Prizon

(Traducción –algo menos libre- sobre la versión inglesa del propio Alan Stivell . La versión francesa, también de Stivell, difiere en algunos de los versos)

Nueve bretones fueron arrojados en prisión hace ya más de medio año

Desde hace seis meses esperan juicio y aún no sabemos cuál es el cargo

La policía encontró en sus casas papeles que convocaban a la libertad

¿Qué crimen es leer y escribir? Pero ellos siguen presos

Si la izquierda de París no es capaz de ayudarnos

Librados a nosotros mismos haremos el trabajo

Para las minorías tan lejos de su casa no hay lugar en el tiempo

La primavera no llegará a Bretaña ni florecerá en ningún otro país

Mientras la libertad no triunfe para todos los hombres

 

‘Plinn slogan’, un mantra, no parece que necesite traducción.

En las antípodas de la novela, no hay humor ni distancia, ¡todo lo contrario!, en estas tres canciones. Ya se sabe que los celtas, más aún los celtas judíos (¿seré celta? ¿y judío?), nos tomamos muy en serio.

De una manera u otra, parafernalia de banderas y símbolos para ‘Brian Bórú’, sólo la portada del disco para ‘Naw Breton ‘ba Prizon’ y para ‘Plinn Slogan’, escuchar a Alan Stivell siempre (me) mereció la pena.

Remontemos la cala.

 

Caledvwlch. Excalibur

p.312

Entró con facilidad y hasta el límite, con la cruz de metal que albergara en tiempos los ornamentos de la empuñadura a horcajadas sobre la entrada. Encajaba con una justeza sorprendente: no cabía duda de que habían sido hechos el uno para el otro. Y entonces, para pasmo y sorpresa suyos se encontró con que no podía extraer la espada.

p.331

Del discurso de un Hijo de Arturo:

 (…) como un grito del corazón celta… una demanda de que a la contribución celta a la civilización occidental se le otorgue la consideración que merece, que el pasado celta de estas islas sea honrado, como debe serlo también el pasado celta del continente del que formamos parte.

p.331

(Sigue la conferencia).

Los científicos de la Unión Soviética están dispuestos a especular que (sic)  se trata de la espada de Marte descubierta por Atila el Huno, preservada en la turba de los pantanos del Danubio, pero esto tiene tanto de conjetura romántica como la antigua leyenda de que la espada pasó al general romano Aecio, de allí a Ambrosio y finalmente al ‘dux’ celtorromano de los britanos.

p.332

(…) la única confianza que podemos poner en el futuro, por paradójico que resulte,  es esperar que nos depare un conocimiento más extenso del pasado.

p.332

(…) ¿qué otra cosa podía significar para ellos la espada de Arturo más que la ligerísima superstición de que, si nadie en el presente lo hacía, tal vez alguien del pasado cuidaba de ellos?

p.116

La piedra hendida con la inscripción GLAD ART REG profundamente grabada en ella, era de hecho un contrafuerte en la muralla y bastante inamovible.

p.20

… Y guerrearon contra los brutos malnacidos capitaneados por el cerdo que llevaba el desangelado nombre de Ethelfrid, rey de los anglos de Northumbria, hasta que mediante la brutalidad y la traición perdimos Strathclyde y todo el norte de Britania y fuimos aplastados y diezmados en la infame batalla de Chester.

 

 APUNTES, de mi cuaderno personal

Quien fuese -luego yo- lo citaría aquí:

Que en tus ejércitos militen el oro y la tempestad, Magnus Barfod

Que mañana, en los campos de mi reino, sea feliz tu batalla.

Que tus manos de rey tejan terribles la tela de la espada.

Que sean alimento del cisne rojo los que se oponen a tu espada.

Que te sacien de gloria tus muchos dioses, que te sacien de sangre.

Que seas victorioso en la aurora, rey que pisas Irlanda.

Que de tus muchos días ninguno brille como el día de mañana.

Porque ese día será el último, te lo juro, rey Magnus.

Porque antes de que se borre su luz, te venceré y te borraré, Magnus Brafod.

(Magnus Barfod, en el año 1102, emprendió la conquista general de los reinos de Irlanda; se dice que la vípera de su muerte  recibió este saludo de Muirchertach, rey de Dublín.

Jorge Luis Borges. ‘El enemigo generoso’)

 

APUNTES, de mi cuaderno personal

Sobre el ciclo artúrico, dos películas de digestión difícil (‘Los caballeros de la Tabla Redonda’, de Richard Thorpe, pertenece, con honor, sólo a la aventura). Una, por los colorines que acompañan a Merlín; la otra por el improbable Franco Nero/Galahad y una no menos ardua Vanessa Redgrave/Ginebra. 'Excalibur', John Boorman 1981 y 'Camelot', Joshua Logan 1967 (en efecto, Richard Harris: no Richard Burton). Un rey Arturo para la leyenda.

Sobre la cuestión celta (Irlanda, para el cine), dos, la cara y la cruz del compromiso: 'La hija de Ryan'. David Lean 1970; y 'El delator'. John Ford 1935.

El Titanic zozobra dignamente en el cine: 'El hundimiento del Titanic', Jean Negulesco 1953 y 'A Night to Remember' (‘La última noche del Titanic’), 1958, de Roy Ward Baker. Luego el barco se hunde entre el sonrojo y la vergüenza ajena.

Jamás saldríamos de Gales sin citar a su tigre.

 

LISTA DE BODAS (por favor, añada su regalo)

EXCALIBUR:

-‘La morte d’Arthur’, sir Arthur Mallory

-‘Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros’, John Steinbeck

RUSOS, JUDÍOS, otros RUSOS y otros JUDÍOS:

-‘Caballería roja’, Isaak Babel

-‘El Don apacible’, Mijail Sholojov

-‘Éxodo’, Leon Uris (pese a la terrible película, sigo prefiriéndolo al ‘¡Oh, Jerusalén’, de Dominic Lapierre y Larry Collins)

EL DETALLE DELICADO:

-‘Una biblioteca de verano’, Mary Ann Clark Bremer

EL TITANIC:

-‘El Titanic’ y toda la obra de Joseph Conrad